Las leyes deben limitarse a declarar los derechos y las injusticias naturales…; no debería tener cabida en la legislación humana lo que es indiferente según las leyes de la naturaleza… y surge siempre una tiranía legal dondequiera se produce una desviación respecto de este sencillo principio.
Murray N. Rothbard, La ética de la libertad, Madrid, Unión Editorial, S.A, 1995, p. 51.
“la especulación es una actividad humana, un verdadero trabajo profesional que se sitúa dentro de la economía. Dicha actividad económica es vista por nosotros como un elemento o aspecto de la vida social que tiende al bien común. En este sentido, el mundo financiero, como ámbito concreto de dicha economía, con su específica labor de intermediación lleva también a cabo una actividad que tiende al bien común.
Los especuladores desarrollan dentro del sistema económico una función social positiva. Del análisis realizado sobre todos los efectos de la especulación, dos son, a nuestro parecer, los más característicos. En primer lugar la especulación contribuye a la distribución de riesgos: el especulador, al vender seguridad y asumir incertidumbre, está prestando un servicio a la otra parte. En segundo lugar, la especulación reduce las posibles diferencias entre el “valor real” y el valor de mercado: los especuladores llevan a cabo una constante función de control sobre los precios ya que, con su trabajo, ayudan a corregir las excesivas diferencias entre el precio de mercado y el precio que teóricamente responde a los bienes o al futuro (expectativas) de la empresa en cuestión (análisis fundamental). Las previsiones de los distintos especuladores basados en sus propios análisis de la realidad económica subyacente, ajustarían los precios del mercado a lo que la realidad justifica.”
Eduardo Camino, tesis doctoral: Elementos para una reflexión moral sobre la especulación económica, pp.319-320. Ver también un resumen publicado como libro con el título Ética de la especulación financiera, Unión Editorial, Madrid, 2004.
Si bien en el origen del monopolio y del acaparamiento late la idea de realizar un beneficio en base a una acertada predicción del futuro y, en este sentido, parecen encontrar una misma raíz inicial que la especulación, el puro especulador rechaza por definición cualquier intervención artificial sobre el resultado de la operación. Por tanto, a tenor de lo dicho en el punto anterior, tampoco se puede identificar la especulación con el monopolio en sus diversas vertientes o formas. Y, en idéntico sentido, se puede afirmar que la especulación no es ni cártel ni acaparamiento. Lo que ocurre es que, a veces, por la influencia del especulador en el mercado (influencia medida en términos de prestigio y, sobre todo, de medios económicos) su toma de posición puede crear una tendencia; pero, mientras se respeten las (justas) reglas del mercado, a nuestro parecer dichas intervenciones forman parte del libre juego de la oferta y la demanda.
Eduardo Camino, Elementos para una reflexión moral sobre la especulación económica, pp. 317-318. Ver también un resumen publicado como libro con el título Ética de la especulación financiera, Unión Editorial, Madrid, 2004.
Aunque cada conjunto de circunstancias que caracterizan una situación económica concreta es radicalmente original e irrepetible, conviene de vez en cuando sobrevolar el análisis coyuntural que nos atenaza, para contemplar el presente de cara al futuro con la perspectiva histórica que da la experiencia pasada. Si la economía tiene, respecto a las ciencias de la naturaleza la desventaja de no poder realizar experimentos de laboratorio, tiene también la ventaja (por ser una ciencia humana) de poder aprovechar la introspección personal y ser así capaces de estudiar las constantes históricas del despliegue de las características básicas de esa naturaleza humana.
Marshall en sus Principios de Economía definía la Economía como:
“el estudio de las actividades del hombre en los actos corrientes de la vida; examina aquella parte de la acción individual y social que está íntimamente relacionada con la consecución y uso de los requisitos materiales del bienestar. Así, pues, es, por una parte, un estudio de la riqueza, y, por otra -siendo ésta la màs importante-, un aspecto del estudio del hombre.”
El valor económico de los actos del sujeto tiene su origen y explicación en la satisfacción de las necesidades humanas y, en función de la utilidad que proporcionan los bienes o servicios producidos por tales actos, se refleja, más o menos perfectamente, en los precios de mercado de dichos bienes y servicios. El valor psicológico y el valor ético de los actos humanos son valores subjetivos, es decir, expresan realidades que se producen en el interior de las personas y, en consecuencia, no pueden ser objeto de mercado, pero, para la mejora tanto de las personas como de las instituciones, que, al fin y al cabo, son obra de las personas, es absolutamente necesario que estas realidades sean de signo positivo.
Rafael Termes Carreró,“Humanismo y ética para el mercado europeo”,en Europa, ¿mercado o comunidad? De la Escuela de Salamanca a la Europa del futuro. Publicaciones Universidad Pontificia, Salamanca, 1999, p. 39
Entre los temas de carácter económico que examinaron los doctores españoles podemos incluir la naturaleza de la propiedad privada; las cargas impositivas; la ayuda a los pobres, es decir, los sistemas “asistenciales”; el comercio; el “justiprecio” y la usura; y el dinero, la banca y el intercambio exterior.
Grice-Hutchinson, El pensamiento económico en España (1177-1740) Barcelona, Editorial Crítica,1983, p .107.
Kramen cita al historiador William L. Schurz quien en un estudio publicado en 1939 “describía las riquezas del galeón de Manila, solitario bajel que durante más de dos siglos surcó las aguas del Pacífico entre Asia y Acapulco llevando en sus bodegas las fortunas y esperanzas de españoles, mexicanos, chinos, japoneses y portugueses, y auténtico símbolo del alcance internacional de los intereses ibéricos. El imperio, como el incansable galeón, sobrevivió durante siglos y sirvió a muchos pueblos. Muchos de ellos eran, inevitablemente, españoles, pero otros provenían de todos los rincones del globo.”
Imperio p 13
Sin inteligencia no hay civilización ni, por consiguiente, progreso humano. “Falta el manantial del bien.” (…) Si la inteligencia está ordenada a la moralidad, es también punto de apoyo del bienestar. La abundancia de medios materiales está en relación directa con la organización imaginativa de la explotación de la naturaleza. (…) La inteligencia “con su inquietud característica… su actividad… su variedad, representa el movimiento indefinido” que necesita del peso específico de la moralidad para mantenerse en una actitud constructiva. Por ello, la extensión cultural hay que realizarla de acuerdo con los principios religiosos.”
Vicente Rodríguez Casado, Orígenes del Capitalismo y del Socialismo contemporáneo, Madrid, Espasa –Calpe, S.A., 1981, pp.494 – 496.
En las teorías macroeconómicas generalmente aceptadas, los procesos circulares input-output, donde el nuevo output se convierte en bien intermedio y en input para una nueva unidad económica, quedan truncados precisamente en la familia. Los consumos familiares, siguiendo a Carl Menger, fundador de la cada vez más influyente Escuela Austríaca, se convierten en bienes de primer orden, es decir en bienes finales que transmiten derivadamente su valor a los bienes intermedios de segundo, tercer, cuarto orden…etc. Quedan ordenados así los distintos bienes según la relación causal respecto a los bienes de primer orden.
La praxis tiene ojos buenos y penetrantes, y de ‘lo que se ve’ no desaprovecha absolutamente nada. Pero, precisamente, no se ve todo. Y con cierta frecuencia se oculta ‘lo que no se ve’, la cara opuesta, justamente el verdadero y decisivo ser de las cosas. Pongo un ejemplo entre muchos. Lo que se ve por doquier son trabajadores en paro. La primera impresión es que existe ‘demasiada mano de obra’. Lo que no se ve, aunque debería verse, es que, en realidad, resulta demasiado poca la mano de obra disponible; y resulta demasiada poca cuando se la compara con la dimensión de nuestras necesidades y nuestras obligaciones sociales. ¿Por qué se dejan sin hacer tantas obras necesarias y útiles? ¿Por qué no se construyen de golpe todas las líneas de ferrocarril y todos los canales navegables por los que desde hace años y siglos existe una tan justa y elevada demanda? ¿Por qué las máquinas y los instrumentos de nueva invención no se producen en cantidad suficiente para que se puedan servir de ellos hasta el último obrero o agricultor, en lugar de que éstos tengan que utilizar, como están haciendo ahora, un instrumental anticuado e inadecuado? O para expresarlo de modo breve y directo: )por qué no se produce el doble o el triple de todo lo que es necesario para la vida, de lo cual está abastecida sólo muy deficientemente la enorme mayoría de nuestros compatriotas, de tal modo que se pudiesen cubrir todas las deficiencias y se pudiese poner fin a cualquier necesidad?. La respuesta a todas estas preguntas es tan sencilla como ésta: «Porque, al fin y al cabo, hay demasiado pocas manos».
Von Böhm-Bawerk, Eugen. Ensayos de Teoría Económica, Volumen I, La Teoría Económica. Unión Editorial – Madrid, 1999, pág. 135.
La soberanía del individuo
La libertad del productor nos lleva naturalmente a la condición del empresario, esa actividad, esa percepción que consiste en descubrir cómo satisfacer deseos ignorados de los consumidores. El empresario es aquel (siendo siempre, a fin de cuentas, un individuo) que adivina una necesidad generalmente desconocida –y por consiguiente insatisfecha- y que, a partir de esa idea o intuición personal y minoritaria, reúne los recursos necesarios para poner en marcha un método nuevo para satisfacerla. El empresario es un revolucionario tranquilo: revolucionario porque asume riesgos para satisfacer una necesidad que las empresas establecidas ignoran, y tranquilo porque interviene pacíficamente en el mercado porque su proyecto se deriva de su intuición profunda de la sociedad en la que vive. El empresario es un anarquista del establishment.
Lemieux Pierre, La soberanía del individuo, (Madrid: Unión Editorial, 2000, 2ª Edición), p. 69
Para entender mejor cuál era el significado de la palabra «naturaleza» en los tiempos medios, resulto útil acudir a la etimología. El vocablo tiene en su origen semántico un doble aspecto. «Natura» procede del participio pasivo –natus- del verbo nascor, nacer. Nascor proviene a su vez de «gena», engendrar. Es decir, lo que surge y nace, lo que es engendrado. El término naturaleza equivale, pues, a natividad, a nacimiento, a generación de los vivientes, en cuya raíz se encuentra el cambio, la mutación, el devenir. Significa, en consecuencia, dos cosas a la vez. Por una parte, la existencia de un principio con fuerza suficiente para engendrar, para hacer nacer, para crear; por otra, la cosa acabada, el resultado, lo engendrado en su totalidad.
Rodríguez Casado, Vicente, Orígenes del capitalismo y del socialismo contemporáneo. Madrid: Espasa-Calpe, 1981; p. 40.
Dinamismo económico, tiempo y ciencia
Citas en imágenes
La peculiaridad de cada ser, su diferencia individual, lejos de estorbarle para captar la verdad, es precisamente el órgano por el cual puede ver la porción de realidad que le corresponde. De esta manera, aparece cada individuo, cada generación, cada época como un aparato de conocimiento insustituible. La verdad integral sólo se obtiene articulando lo que el prójimo ve con lo que yo veo, y así sucesivamente. Cada individuo es un punto de vista esencial. Yuxtaponiendo las visiones parciales de todos se lograría tejer la verdad omnímoda y absoluta.
Ortega y Gasset, El tema de nuestro tiempo, Alianza Editorial, Madrid, 1987. p. 151.
La moral es la organización estricta del tiempo humano respecto de una culminación. Dicha organización disminuye el gasto de tiempo. Decidirse por las alternativas positivas comporta una responsabilidad que pone en juego los principios directivos morales. Dichos principios se resumen en la fórmula siguiente: haz el bien, no te retrases.
Rubio de Urquía
No deja de asombrar que, con ocasión de organizar su clásica apología del totalitarismo, Platón contribuyera a la genuina ciencia económica, siendo el primero en exponer y analizar la importancia de la división del trabajo en la sociedad. Al estar su filosofía social fundada sobre la necesaria separación entre clases, Platón procedió a demostrar cómo tal especialización se funda en la naturaleza humana, en particular en su diversidad y desigualdad. Platón hace decir a Sócrates en La República que la especialización hace que «no somos todos iguales, sino que hay una gran diversidad de naturalezas entre nosotros que se adapta a las diferentes ocupaciones».
Como los hombres producen cosas diferentes, se intercambian de modo natural unos bienes por otros, con lo que la especialización necesariamente da paso al intercambio. Platón también señala que esta división del trabajo incrementa la producción de todos los bienes.
[5] Rothbard, Murray N., Historia del pensamiento económico. Vol. I. El pensamiento económico hasta Adam Smith, (Madrid: Unión editorial, 1999), p. 41.
Aunque la justicia sea formalmente un bien del que la tiene, sin embargo, su objeto es bien ajeno. Pues versa acerca de dar a cada uno lo que es suyo. Y también: La ley humana tiene por fin la justicia como virtud especial, en la cual se funda la sociedad y seguridad humanas.
Domingo de Soto
Véndese una piedra que demás de su precio común, según su claridad y resplandor, y cantidad, tiene alguna particular virtud para la hijada, o para la sangre, o para la vista, como sea virtud, que no suelen tener otras de su misma especie, y natura, no hay mucho escrúpulo en callarlo, cuando la compre. Basta dar por ella lo que comúnmente suele valer. Todo esto se ha dicho en declaración de aquella partícula, que no haya engaño en la venta, el cual podría haber principalmente en la ropa. Deste hemos hablado hasta agora, fuera del cual suele haber otro (conviene a saber) que se conciertan los mercaderes, de no abajar de tanto (que llamamos los Castellanos monipodio) vicio abominable, y aborrecible a todo género de gente, porque es muy perjudicial, tirano, y dañoso, y por tal condenado en todas leyes.
Tomás de Mercado, Suma Tratos y Contratos. Madrid, Editora Nacional, [194] p. 182.
GOBIERNO Y TIRANÍA SOCIAL La mayoría de los grandes pensadores católicos del siglo XVI español tenían una muy alta valoración del acicate que significaba actuar para el bien común de la república. El oficio de gobernar era muy saludable por el gran bien que podían realizar en la sociedad y en el bien común del… Continue reading GOBIERNO Y TIRANÍA SOCIAL
Trailer presentación libro “Crisis Económicas y Financieras. Causas profundas y soluciones”.
Resumen presentación del libro “Crisis Económicas y Financieras”
¡Cuándo nos daremos cuenta que en la práctica los ingresos en nuestra sociedad politizada están desviados en favor de quienes tienen influencia política y de la que, curiosa pero lógicamente, se ve excluida la gran masa más desfavorecida de la población! Son los intercambios voluntarios cara a cara en los mercados con competencia donde… Continue reading MENOS PROTAGONISMO POLITICO
AUDIO DEL AUTOR Dejando sentado de antemano mi profundo respeto por los sacerdotes, debo reconocer que cuando, alguna vez, asistiendo a una ceremonia religiosa, empiezo a oír hablar de Economía desde el atril del templo, me pongo a mirar inquieto a todas partes, me rechinan los dientes y aparecen síntomas de sudores fríos. La… Continue reading ZAPATERO A TUS ZAPATOS
ENCASILLAMIENTOS Y ENCASTILLAMIENTOS
Permítanme que por una vez no escriba, aparentemente, de cuestiones económicas. A pesar de lo que se publica, y contemplando los hechos y las actitudes reales, no parece que vivamos en una sociedad flexible, abierta, tolerante y secularizada, sino que mas bien parece que todos los cualquiera que pasean por nuestras calles y habitan los vecindarios tienen a gala continuar la medieval costumbre inquisitorial de poner el San Benito. Continuamente nos dedicamos, casi sin darnos cuenta, a encorsetar rígidamente a los demás con sambenitos de los que las víctimas difícilmente podrán deshacerse. Sustituimos lo sustancial por lo puramente accidental, el contenido por el continente, lo permanente por la mera anécdota, lo importante por lo circunstancial, la persona por la función. Encasillamos a la gente con múltiples camisas de fuerza que nos aprisionan, y desfiguran el aire original que cada uno tiene. No somos ya quien somos, sino que, por circunstancias accesorias, los convencionalismos nos convierten en blancos o negros; en los del norte o los del sur; en trabajadores o empresarios; en machistas o feministas; en consumidores o productores; en vascos, catalanes, aragoneses, andaluces, bosnios, canadienses, mestizos, españoles, mejicanos, peruanos, chilenos, chinos o japoneses; en gordos o flacos; en rubios o morenos; en ricos o pobres; protestantes o musulmanes; fumadores o no fumadores; de derechas o de izquierdas; etc. No sólo sustituimos la personalidad radicalmente inimitable por algún accidente o por alguna función, sino que, a continuación, formamos piña masificada con lo accidental, lo idolatramos hasta cotas insospechadas, nos encastillamos, y nos enfrentamos violentamente con los grupos opuestos haciendo realidad cotidiana las más sangrientas luchas tribales en este siglo XXI.
Leía hace poco unos estudios científicos antropológicos donde se demostraba que todo el género humano desciende de una sola mujer. Todos somos indígenas esparcidos por el mundo. ¡Cuándo nos daremos cuenta, y actuaremos en consecuencia, que todos estamos en el mismo barco y que todos hacemos falta! ¡Cuándo reconoceremos la dignidad igual e infinita de todos los cualquiera que se entrecruzan en nuestro pensamiento habitual y en nuestros ojos carnales o audiovisuales! ¡Cuándo descubriremos que los intercambios voluntarios de bienes y servicios, como la comunicación a través del lenguaje conciliador, son fenómenos de suma positiva donde todos los que participan salen ganando y ninguno se empobrece, haciendo realidad lo que los economistas llamamos mejoras de Pareto!
Adaptarse a la realidad no es encasillarse en normas rígidas y deterministas. La realidad no es monolítica ni dogmática, sino flexible y libre en tanto en cuanto máximamente libre es quien la ha creado. No podemos ni debemos intentar dar vida auténtica a los entes de razón, a las clases sociales, a los grupos y gropúsculos, a las funciones. No existen militares, tutsis, judios, políticos, periodistas, pescadores, financieros, liberales, socialistas, indios o americanos. Existen fulano y zutano, mengano y perengano con sus fulanadas y sus menganadas. Un liberal no es igual a otro. Un socialista es distinto de otro como distinto es el forofo del Madrid y el vecino en la grada también admirador blanco. Ni siquiera uno mismo piensa igual hoy que ayer o antes de ayer.
Quizás convenga decirlo bien alto: yo no soy, siéndolo, ni liberal, ni valenciano, ni madrileño, ni español, ni economista, ni profesor, ni creyente, ni casado, ni blanco ni moreno. Cada uno es el que es y punto. Ni más ni menos que ciudadano del mundo. Yo soy el ignorante que soy y cada uno es el que es. Para identificarme basta con el nombre. También los apellidos que resaltan y orientan la ascendencia y proyectan el futuro humano. Para reivindicar mi defensa de la igualdad (si no superioridad) de la mujer, su apellido: Señor de Oviedo. Hijo de mis padres, padre de mis hijos y abuelo de mis nietos, marido de mi mujer. Quiero ser, y soy, un desconocido integral que pide continuamente algo tan sencillo y tan inmensamente productivo para todos: ¡¡¡PAZ!!! ¡¡¡PAZ!!! ¡¡¡PAZ!!! ¡¡¡PAZ JUSTA!!!
Aunque cada conjunto de circunstancias que caracterizan una situación económica concreta es radicalmente original e irrepetible, conviene de vez en cuando sobrevolar el análisis coyuntural que nos atenaza, para contemplar el presente de cara al futuro con la perspectiva histórica que da la experiencia pasada. Si la economía tiene, respecto a las ciencias… Continue reading “ANATOMíA DE LA CRISIS”
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